Ayer, lunes 12 de octubre, nuestro sector, Unión de Izquierda Republicana (UNIR), presentó de la mano de Fernando Amado formalmente a Fernando Pereira este documento como aporte al VIII Congreso Ordinario del Frente Amplio «Compañero José Pepe Mujica». De todas las reflexiones que contiene el texto, hay una que me parece particularmente central y urgente: la cuestión de los límites y la capacidad real de comprender a la sociedad en la que vivimos.
Gobernar el presente, transformar la realidad y construir el mañana. Documento completo de UNIR - Fernando Amado al Congreso del Frente Amplio
Ayer, lunes 12 de octubre, nuestro sector, Unión de Izquierda Republicana (UNIR), presentó de la mano de Fernando Amado formalmente a Fernando Pereira este documento como aporte al VIII Congreso Ordinario del Frente Amplio «Compañero José Pepe Mujica».
De todas las reflexiones que contiene el texto, hay una que me parece particularmente central y urgente: la cuestión de los límites y la capacidad real de comprender a la sociedad en la que vivimos.
Como señala el documento, rescatando la mirada del historiador José Pedro Barrán, el batllismo de Batlle y Ordóñez muchas veces no dejaba claros sus límites hacia la izquierda —afortunadamente—, porque su vocación inquieta siempre empujaba la cancha hacia adelante y no se sabía bien hasta dónde podía llegar. Sin embargo, con el paso de las décadas y su degradación política y social —seguramente la causa haya sido la ausencia de límites—, la incertidumbre lo vació de sentido: lo que dejó de estar claro fueron sus límites hacia la derecha. La adaptación desmedida terminó vaciando a la herramienta.
Para el Frente Amplio, la enseñanza sería que debemos ser capaces de ampliarnos y avanzar sin perder el rumbo ni diluir lo que somos.
En lo personal valoro profundamente el papel histórico y actual de los partidos políticos, de las organizaciones sociales y de los sindicatos. Son pilares insustituibles de nuestra vida democrática y republicana. Pero también debemos ser conscientes de que estamos ingresando en una era desafiante e inédita para todas esas instituciones representativas que son del siglo pasado siendo optimistas. La sociedad cambia: la gente procesa sus demandas por otros canales, se organiza de formas alternativas —o no se organiza en absoluto— y con frecuencia no se siente identificada ni contenida por las estructuras tradicionales.
Tener un diálogo estrecho y honesto con el entramado social organizado es imprescindible, pero no podemos caer en el error de confundir «sociedad organizada» con «sociedad» en su conjunto. Si nos encerramos en hablar solo con quienes ya están dentro de los canales institucionales, quizás nos estemos quedando a mitad de camino.
El desafío para una fuerza de izquierda con vocación mayoritaria y transformadora es precisamente ese: cómo abrirnos, escuchar y representar a toda esa sociedad diversa y fragmentada.
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